¡Hecha una reina!

katy perry killer queen
Aquí estoy de nuevo. Vivita y coleando, teniendo esto más abandonado que una monja la depilación del coño jajaja

Las cosas van, ahora tengo disponibilidad económica y una extraña vagancia o vaguería que me mantiene durante horas disfrutando de mi nueva casa y su maravillosa terraza. Así pues, estoy desarrollando pocos temas, supongo que a esto es a lo que llaman vacaciones. Merecidas vacaciones, sí señor.

Culto al cuerpo, una dieta agradable (porque no comes menos, sino mejor y adelgaza!), ejercicio moderado, cremitas caras, sérums para el pelo, reflexión, lectura, peluquería, compritas de ropa, aperitivos con los amigos, siestas o tardes de juerga, y noches de relax a la luz de la luna, o de sexo asalvajado.

Porque así estoy, asalvajada, con unas ganas de follar que no recordaba hace años, y a pesar de que en líneas generales me cuesta encontrar hombres (o alguna mujer) que me resulten atractivos, reconozco que de un mes a esta parte no paran de cruzarse en mi vida hombres altamente apetecibles (y alguna mujer). Y como estoy en esa posición de seguridad y poder que te da el dinero, los atraigo sin mucho esfuerzo y he follado todo lo que he podido, aunque sigo con ganas de más.

Es evidente que estoy viviendo un buen momento. Con ciertas rémoras inevitables, (sigo esperando la segunda parte del polvo de mi vida, y algunas otras cosas hasta he dejado de esperarlas), pero un buen momento al fin y al cabo.

El pasado, por lo pronto, ha pasado a la historia.

Claro que, en todo esto falta una pieza, y es el “hada madrina” de esta nueva vida. Me da mucha pereza hablar de él, podría escribir durante horas de los polvos que he echado este último mes, pero hablar de este tío me cansa antes de empezar, aunque hay que hacerlo. Actualmente lo tengo castigado, así como suena, castigado a no molestarme, porque se ha pasado, de todo, de absorbente, de pesado, de entrometido, ¡de rosca!. Porque quería acaparar mi atención a toda costa, y se le ha ido de las manos.

Las cosas, a mi entender están de la siguiente manera: él quiere, como sea, formar parte de mi vida. Bien. Yo le cedo una parcelita. Pero sólo esa y no es negociable, y prohibido interactuar en el resto de mis parcelas, que por otro lado, amo tener separadas. Si se pasa de la raya, se acaban los privilegios. Y como se ha pasado varias veces y varias veces se lo he advertido, y se lo ha pasado por el forro de los cojones, y ha seguido actuando como una niñata llorica que patalea, pues ahora vacaciones, para todos.

No tengo en mente perderlo. No soy tonta, jajaja. Pero en la situación que me encuentro, con él perdidamente enamorado y a mi merced, si me puedo permitir tensar y destensar la cuerda al son de mi interés.

La parte más jodida de todo esto es que me consta que sufre y lo pasa mal. Y aunque no he sido capaz de desarrollar cariño por él todavía, admito que siento cierta pena. Estamos ahí expectantes, a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero mientras…¡¡hecha una reina, oiga!! jajaja

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Primeros pasos en la nueva vida

newlife
No voy mal del todo, aunque esta nueva etapa de mi vida la he enfocado como un negocio en sí mismo, con un rentabilidad asegurada, eso sí, pero como cualquier otro negocio implica una ocupación bastante alta de mi tiempo y pensamientos, para no dar pasos en falso, para no traspasar la línea que dejaría fuera de juego mi libertad de movimientos.

Ando enfrascada los últimos días en un cambio de vivienda. No quiero seguir aquí, donde recibía hombres que no conocía, donde los libros de mi estantería están puestos del revés para evitar miradas de curiosos desconocidos, donde estoy amenazada también por la loca de mi hermana y sus ataques psicóticos. Ando en trámites de mudanza pues, así que voy a estar unos días desconectada mientras me instalo en la nueva vivienda, un ático con terraza.

Estoy teniendo algunos problemas de reajuste con el benefactor que se hace cargo de los gastos, pues pretende ocupar el 100% de mi tiempo, y para mí la libertad es, más que importante, vital. Pero con firmeza y diplomacia, confío en llevar la situación a mi terreno.

Y es que, como decía antes, veo esto un negocio, algo en lo que invertir un tiempo y obtener rentabilidad, pero desde luego tengo bien claro que nada merece tanto la pena como para abandonar el resto de parcelas de mi vida, máxime en estos meses veraniegos, que están los cuerpos efervescentes y las aventuras que merecen ser vividas son habituales.

Me ha costado apagar el móvil y fingir que no tenía batería hace un par de días, para poder compartir la noche con Luis, que reapareció tras las vacaciones con su hijo, explicándome el por qué de su desaparición, explicación a la que todavía no doy crédito. Escribí en este blog, justo a la mañana siguiente, un post titulado “hacer el amor vs follar”, dedicado a la noche que pasamos juntos en mi cama, y que se me hizo tan especial. Pues, como muestra de lo subjetivo de la vida, para él no fue tan buena, y aquí viene la extraña explicación; yo no tuve ningún orgasmo, y eso, a él, como hombre, le dejó destrozado, sintiéndose mal, inservible para satisfacerme y con la autoestima por el suelo. Increíble, ¿verdad?, para mí fue una noche maravillosa, quizá demasiado pasional por mi parte, y si llegué o no al orgasmo, no es algo que me preocupe lo más mínimo. Así pues, y porque me interesa ese hombre, porque me aporta cosas, y me hace sentir bien, en esta segunda entrega de la saga, fingí tres orgasmos, “así sí”, decía él, y tan contento que se quedó.

No sé porqué no los tuve la primera vez, creo que estaba ensimismada en su placer, que es a lo que estaba acostumbrada siendo como era una buena puta. Pero sí sé porqué no los he tenido esta segunda vez.

El sexo con Vicent fue del otro mundo, horas y horas, posturas y posturas, gemidos y más gemidos en ambos sentidos, miradas inolvidables, caricias a la vez tiernas y salvajes, besos que ya se me habían antojado imposibles, y orgasmos por doquier. Está claro que dejó el listón muy alto, y ahora siempre aparece en mi mente cuando hago el amor con otra persona.

Pero todo se irá solucionando. Estos días voy a centrarme en el cambio de casa, e iremos viendo poco a poco, donde vamos, todos, a parar.

And the life say “come on”

dinerito

Y cambió, y volvió a girar dejando todos los grados anteriores inservibles, y mi estatus social también.

Ya no soy tan puta. Ahora sólo tengo un cliente, muy millonario (la persona con más dinero que había conocido nunca), muy enamorado de mí y muy pendiente de mis necesidades.

La sensación más notable de todo el cambio es la tranquilidad, de repente, de la noche a la mañana, he tenido que dejar de preocuparme de casi todas las preocupaciones que me atormentaban, sobre todo las económicas. He pasado de comer pasta y arroz varias veces por semana, a los percebes y otros mariscos varios cada vez que me apetece, de beber agua del grifo (esa es más puta que yo) filtrada con la jarra Brita, a tener botellas de vino donde elegir sin miedo a que se acaben, de sufrir horas y horas de bochornoso calor, en mi apartamento, delante de un inmundo ventilador, tan antiguo, que tenía el precio en pesetas, a darme baños gloriosos en la piscina de depuración por ósmosis salina de un chalet como pocos había visto antes.

De luchar para estirar 20 euros si salía con amigas, a quemarme el dinero en las manos y no saber en qué gastarlo.

De no ver la luz al final del camino, a no ver el camino cegada por tanta luz.

De lloriquear porque tuve que vender, como medida económica mi coche, a mirar coches de lujo para ver cuál cae.

Mi única preocupación ahora mismo, es enfocar bien esta lotería que me ha tocado, evitar hacerle daño a alguien (una ha sido muy puta, pero también una mujer sensible y con valores), que no se me vaya de las manos la situación, mantener la mente fría, una pizca de ingeniería social, y buscar un ático para trasladarme.

And the love say no, but the life say “come on”.

Giros (179º)

Mi nuevo ligue (Luis), me ha abandonado.  No me ha buscado para nada, ni siquiera un mensaje para decirme que lo pasó bien, que le gustó, que no, nada. Me hace caso omiso.

Una semana después y ni un intento de acercamiento. Eso me ha rallado un poco, al principio pensé que era una estrategia para llamar mi atención, no me entraba en la cabeza que pudiera resistirse a una mujer como yo.

Pasados un par de días empecé a perder seguridad, lo  achaqué a que tal vez había sido demasiado apasionada para ser dos desconocidos en su primera vez, que me debió ver como a una loba o zorra, que se asustaría ante el panorama.

Después me dió por pensar que tal vez el problema fuera que me quedé dormida. Rallada de narices, ya se ve.

Fuimos a un ritmo brutal, nos besamos casi antes de hablar en el primer encuentro, e hicimos, o le hice, el amor con deseo exacerbado mucho antes de conocerlo. Vino así. Pero me gustaba, mucho, y como no me gusta esperar llamadas (odio esperar en general), le busqué yo con un resultado no mucho mejor.

Lo asumí, hice un poco de introspección y llegué a la conclusión de que lo inteligente es controlar los deseos, y que visto lo visto, hay quien logra hacerlo y muy bien. Ahora sólo necesitaba la forma de llevar tal propósito a cabo.

Y en ello andaba, dándole vueltas a mi cabecita, cuando la vida dió un giro de 179º.

Ayer recibí un whatsapp de Vicent, hacía meses que no tenía noticias suyas, y años que no hablábamos de nosotros. Dos personas que se atraen de una manera especial, pero por las circunstancias la cosa no termina de llegar a nada. Nos habíamos enrollado varias veces, hace como cuatro años, había una tensión sexual como pocas veces he sentido, y hubo incluso algún que otro amago de sexo que quedó en agua de borrajas. Él no lo tenía claro. Es evidente que seguía teniéndole muchas ganas, y una invitación a cervezas acompañada de decenas de piropos cayeron sobre mí en forma de mensajes, de forma inesperada, pero muy alentadora. ¡Qué vueltas da la vida!.

No pensaba nada sobre lo que ocurriría, sólo quería tantear, evidentemente, y en plena fase de reprogramación mental, ni se me pasó por la cabeza tener sexo con él. Va…no miento, lo contemplé, pero en ejercicio de autocontrol lo desterré inmediatamente.

300x200Me equivoqué del todo. Entendí que los deseos no se pueden controlar. Volcó sobre mí con la fuerza de un feroz huracán cuatro años de estúpida represión, de inútil control que evidentemente no le había llevado a nada, deseo, besos, los cuerpos pegados en contacto tan íntegro, que no sabía donde terminaba uno y empezaba el otro, embestidas bestiales, parecíamos más bien dos animales saciándonos sin tener en cuenta ningún tipo de norma. Sin límites. Sin medida. Litros de sudor esparcido sobre la cama, mis eyaculaciones, las suyas, la humedad bajo nosotros, sobre nosotros, nosotros mismos convertidos en humedad, en un espacio en el que no hay tiempo ni lugar, en el que sólo estábamos nosotros y nuestro deseo por el otro.

El listón estaba muy alto, pero puedo decir y digo, que fue el polvo de mi vida. Y me lo hubiera perdido si hubiera seguido enfrascada en mi estúpida reprogramación. Que vuelvo a dejarme llevar y el ejercicio ahora será, que debo asumir perder de vez en cuando como parte fundamental del juego.

 

PD: El grado que le falta al giro (179º) para ser completo (180º) es porque estoy segura de que ahora es cuando Luis reaparece.

Hacer el amor VS follar

damos

Cuando una se dedica a ejercer el sexo como salida profesional éste se mecaniza y pasa de ser algo placentero a convertirse en un conjunto de estudiados movimientos armónicos cuyo único fin es lograr el placer ajeno, y cuanto antes mejor.

Se podría pensar que, si de algo va sobrada una chica de compañía, es de sexo, pero desde mi punto de vista no tiene nada que ver. Independientemente de la cantidad de polvos que pueda, por motivos laborales echar al cabo del día, se necesita de vez en cuando sacar una cana al aire y preocuparse del propio placer. Y eso hice anoche aprovechando que la ocupación de las últimas semanas ha terminado.

Ya comenté en el último post que el pasado sábado y tras unas cervezas de más, ligué como lo hacen todas las chicas, en un bar, sin más interés por medio que mi placer, con besos que prometían y que anoche me llevaron a vivir una experiencia que hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Tomamos unas cervezas, hablamos, nos miramos con la complicidad que la situación conllevaba, la atracción no sólo se mantenía como en el primer encuentro, sino que creció y aumentó hasta el punto de decidir dar rienda suelta a los deseos en privado, y nos dirigimos a casa. De camino me regaló una flor, una rosa roja que cortó en un jardín (odio las flores muertas, pero agradecí mucho el detalle, de hecho la he puesto a secar dentro de un libro), nos besamos por las esquinas como adolescentes furtivos, abrimos una botella de vino y pasamos directamente a la cama, la ropa desapareció como por arte de magia y agarrada a su cuerpo como si en ello me fuera la vida me procuré el placer que tanto doy, y tan poco recibo, muchos besos, abrazos, caricias, lamía su polla con auténtica devoción, tanta, que por un momento temí asustarle . Intenté controlarme, disimular la soltura, cualquier rasgo profesional que pudiera delatarme, hacerme incluso un poco la mojigata, pero con la excitación a tope, porque estaba loca de deseo fue imposible y terminé pidiéndole que tuviera su orgasmo en mi boca, pero no quiso. Quería satisfacerme, hacerme sentir una princesa, fue dulce, cariñoso, disfrutó mi placer como suyo y logró que una noche cualquiera se convirtiera en la noche más especial de los últimos meses.

Estoy loca, loca perdida, por repetir.

Déjà vu

Recuerdo

De vuelta a la actividad de manera frenética, solventadas las necesidades económicas a corto plazo, y con fuerzas para ir resolviendo las venideras. Con logros a mis espaldas como la drástica reducción del consumo de tabaco a dos o tres cigarrillos diarios más una hora de deporte diario, y con nuevas sorpresas de las que siempre te regala la vida después de atizarte alguna hostia.

Me llamó un potencial cliente  hará cosa de un par de semanas y me solicitó presupuesto para pasar un par de horas juntos. Se le hizo excesivo el precio y debió buscar otra compañía. Pero también algo debió quedarle cierta duda, pues aún a sabiendas de la tarifa, volvió a llamar la semana pasada y quedamos.

Estaba esperándole, como suelo hacer tras citarles en la calle de enfrente de casa, desde donde la localización me permite controlar por la ventana con qué tipo de persona me voy a encontrar antes de decidirme a invitarle a subir, o no. En ello estaba, viéndole venir y nunca mejor dicho.

Dos aclaraciones, una, que siempre he creído en los estereotipos limitados del ser humano. Hay, digamos, cincuenta tipos distintos, y se repiten. Conocidos esos cincuenta, conocidos todos. Una vez se lo comenté al psicólogo, ya hace años de aquello, por aquel entonces, mi inocencia me hacía pensar que habrían unos cien tipos de personas distintas, y fue él el que me sacó de mi error. No hay más de cincuenta. Eso por un lado.

Por otro, alguna vez he nombrado por aquí a cierto señor X, y he hablado de la relación entre él y mi negativa a realizar sexo anal, tanto con clientes, como en mi vida personal. X es la persona que probablemente más me ha marcado en mi vida (tanto o más que la mierda de familia que tengo), por cómo llegó, por cómo arrasó con todo y por cómo finalmente desapareció sin una sola explicación. Añado que X tenía un modelo de coche de lujo concreto.

Vuelvo tras las cortinas de mi ventana desde donde esperaba a mi potencial, cuando le veo bajar de un coche idéntico. El subconsciente me jugó una mala pasada, por un momento imaginé felizmente qué ocurriría si él (X) requiriera sin saberlo, mis servicios en alguna ocasión. Aparté el tema de mi cabeza en la medida de mis posibilidades, y probablemente influenciada denoté cierto parecido físico entre X y la persona que estaba bajando del coche y que pronto estaría en mi cama.

Eso sólo fue el comienzo, comenzar a hablar con mi potencial, ahora ya cliente, fue como retroceder en el tiempo, aquellos extraños tiempos, que todavía no sé si fueron mejores o peores que estos. Adelantarme a sus pensamientos era para mí natural, lo mismo con sus deseos. Él se extrañaba, -¿cómo podemos entendernos tan bien en tan poco tiempo?-. También esa frase me sonó a déjà vu, y su polla también lo fue, su sabor, sus líquidos previos fruto de la excitación, su forma de tocarme, de besarme, la manera de desarrollar toda la actividad sexual, el sabor de su semen al depositarlo en mi boca. Sabía 100% como complacerle, y sumida finalmente y de forma voluntaria en mi particular déjà vu, pasamos dos horas excelentes para él, y desde luego, y esto no puedo decirlo siempre, también para mí.

Durante esa semana me llamó en varias ocasiones y también me envió varios emails, interesándose por mi estado, y con la idea de concertar una cita a tres, con otra chica. Más de lo mismo, la historia se repite, no me sorprendo, a él le sorprende que encaje todo con tanta naturalidad.

Lo de la chica, que finalmente quedamos, sabía que saldría fatal, puro empirismo, y así se lo hice saber. -No aparecerá-. -Claro que sí- protestaba. Y acudió, media hora tarde, que no me importó en absoluto pues la compañía era muy agradable. Y tomamos un café a tres, y parecía decidida. Fuimos a casa, y al salir del ascensor se dió la vuelta y desapareció. -Yo me voy, no tengo claro esto- se excusó.

Y así fue como se nos escapó de las manos la presa, tal y como había predicho, y es que hay que ser muy valiente para algunas cosas. Y así fue también que dedicamos toda la mañana a nosotros, y como dejé, o tal vez incluso le pedí,  que la metiera en mi culo y que disfruté de nuevo como una enana. Ojalá vuelva pronto u ojalá no vuelva, estoy pensando en él (y en X) más de lo que debiera y esto no favorece a nadie.