Primeros pasos en la nueva vida

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No voy mal del todo, aunque esta nueva etapa de mi vida la he enfocado como un negocio en sí mismo, con un rentabilidad asegurada, eso sí, pero como cualquier otro negocio implica una ocupación bastante alta de mi tiempo y pensamientos, para no dar pasos en falso, para no traspasar la línea que dejaría fuera de juego mi libertad de movimientos.

Ando enfrascada los últimos días en un cambio de vivienda. No quiero seguir aquí, donde recibía hombres que no conocía, donde los libros de mi estantería están puestos del revés para evitar miradas de curiosos desconocidos, donde estoy amenazada también por la loca de mi hermana y sus ataques psicóticos. Ando en trámites de mudanza pues, así que voy a estar unos días desconectada mientras me instalo en la nueva vivienda, un ático con terraza.

Estoy teniendo algunos problemas de reajuste con el benefactor que se hace cargo de los gastos, pues pretende ocupar el 100% de mi tiempo, y para mí la libertad es, más que importante, vital. Pero con firmeza y diplomacia, confío en llevar la situación a mi terreno.

Y es que, como decía antes, veo esto un negocio, algo en lo que invertir un tiempo y obtener rentabilidad, pero desde luego tengo bien claro que nada merece tanto la pena como para abandonar el resto de parcelas de mi vida, máxime en estos meses veraniegos, que están los cuerpos efervescentes y las aventuras que merecen ser vividas son habituales.

Me ha costado apagar el móvil y fingir que no tenía batería hace un par de días, para poder compartir la noche con Luis, que reapareció tras las vacaciones con su hijo, explicándome el por qué de su desaparición, explicación a la que todavía no doy crédito. Escribí en este blog, justo a la mañana siguiente, un post titulado “hacer el amor vs follar”, dedicado a la noche que pasamos juntos en mi cama, y que se me hizo tan especial. Pues, como muestra de lo subjetivo de la vida, para él no fue tan buena, y aquí viene la extraña explicación; yo no tuve ningún orgasmo, y eso, a él, como hombre, le dejó destrozado, sintiéndose mal, inservible para satisfacerme y con la autoestima por el suelo. Increíble, ¿verdad?, para mí fue una noche maravillosa, quizá demasiado pasional por mi parte, y si llegué o no al orgasmo, no es algo que me preocupe lo más mínimo. Así pues, y porque me interesa ese hombre, porque me aporta cosas, y me hace sentir bien, en esta segunda entrega de la saga, fingí tres orgasmos, “así sí”, decía él, y tan contento que se quedó.

No sé porqué no los tuve la primera vez, creo que estaba ensimismada en su placer, que es a lo que estaba acostumbrada siendo como era una buena puta. Pero sí sé porqué no los he tenido esta segunda vez.

El sexo con Vicent fue del otro mundo, horas y horas, posturas y posturas, gemidos y más gemidos en ambos sentidos, miradas inolvidables, caricias a la vez tiernas y salvajes, besos que ya se me habían antojado imposibles, y orgasmos por doquier. Está claro que dejó el listón muy alto, y ahora siempre aparece en mi mente cuando hago el amor con otra persona.

Pero todo se irá solucionando. Estos días voy a centrarme en el cambio de casa, e iremos viendo poco a poco, donde vamos, todos, a parar.

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And the life say “come on”

dinerito

Y cambió, y volvió a girar dejando todos los grados anteriores inservibles, y mi estatus social también.

Ya no soy tan puta. Ahora sólo tengo un cliente, muy millonario (la persona con más dinero que había conocido nunca), muy enamorado de mí y muy pendiente de mis necesidades.

La sensación más notable de todo el cambio es la tranquilidad, de repente, de la noche a la mañana, he tenido que dejar de preocuparme de casi todas las preocupaciones que me atormentaban, sobre todo las económicas. He pasado de comer pasta y arroz varias veces por semana, a los percebes y otros mariscos varios cada vez que me apetece, de beber agua del grifo (esa es más puta que yo) filtrada con la jarra Brita, a tener botellas de vino donde elegir sin miedo a que se acaben, de sufrir horas y horas de bochornoso calor, en mi apartamento, delante de un inmundo ventilador, tan antiguo, que tenía el precio en pesetas, a darme baños gloriosos en la piscina de depuración por ósmosis salina de un chalet como pocos había visto antes.

De luchar para estirar 20 euros si salía con amigas, a quemarme el dinero en las manos y no saber en qué gastarlo.

De no ver la luz al final del camino, a no ver el camino cegada por tanta luz.

De lloriquear porque tuve que vender, como medida económica mi coche, a mirar coches de lujo para ver cuál cae.

Mi única preocupación ahora mismo, es enfocar bien esta lotería que me ha tocado, evitar hacerle daño a alguien (una ha sido muy puta, pero también una mujer sensible y con valores), que no se me vaya de las manos la situación, mantener la mente fría, una pizca de ingeniería social, y buscar un ático para trasladarme.

And the love say no, but the life say “come on”.