Un cliente que no quiere sexo

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Sólo compañía, alguien que le escuche el discurso y dé la razón en todo. El tío es atractivo, inteligente (no listo), y forrado de dinero. Pero tiene algo que tira mucho para atrás, es tremendamente egoísta, no escucha, sólo habla y habla y habla, y sólo lo hace acerca de sí mismo y todas las doctrinas que controla. Economía, su fuerte, política, de derechas, física, matemáticas, religión, esoterismo y sexo, habla mucho de sexo, de relaciones que ha tenido y de lo solicitado que está (¿qué hace entonces pagando por compañía?). De lo mucho que su familia lo quiere (cojonudo el tema, vamos), de las trastadas que hacía de pequeño, que siempre ha sido el favorito de sus padres entre todos sus hermanos, de la perfección casi no terrenal de sus hijos. De su exmujer. Su chalet con piscina, su jacuzzi de doce plazas con aromaterapia y cromaterapia y el Mercedes deportivo descapotable en el que me llevó a la playa a pasar el fin de semana completo, al ático con dos dormitorios de un apartahotel con jacuzzi privado incorporado en el solarium del que no hicimos uso y él no hizo ni caso. Es lo que tiene tener uno en casa, supongo.

La foto del post es real, y la puerta de enfrente su habitación. Yo estoy en la mía, tumbada, descansando de la última paliza de conversación que previamente me había metido.

Su planning, perfectamente estudiado consistía en, dormir hasta las 12 del mediodía, desayunar hasta la 1, playa nudista hasta las 4 (su pene mide en reposo apenas 3 cms, y dudo mucho que con erección, que no le ví ni una, logre mucho más), comilona por todo lo alto sin escatimar en gastos (hacía tiempo que no comía marisco tan bueno, ni tan caro), más playa hasta la caída del sol, ducha y cena (al nivel de la comida). A dormir de nuevo sobre las 2 de la madrugada, cada uno en su habitación, y al día siguiente repetición de la jugada.

Pues bien, salvo el rato de dormir en que no paraba de roncar, no cesó de hablar ni cinco minutos seguidos, haciendo alarde de una pedantería infumable que despertó en mí dolores de cabeza que hacía tantos años que no tenía como años hacía que no comía gambas de 100€ el kilo. Dolores que me hicieron entender que tuviera que pagar para que lo aguanten.

Porque no es cuestión de acompañarle, sino de soportarlo.

Ni una sola intención de acercamiento físico, ni el más mínimo interés en mí, persona o cuerpo. Él y sólo él sumido en un agotador monólogo en el que cualquier aportación por mi parte era recibida con gesto de desagrado.

Al terminar el fin de semana (se me hizo muuuuuuy largo), y ya de vuelta a casa me suelta algo así como -bla bla bla bla, esperaba que tú me pidieras sexo, bla bla bla bla-.

Jajajaja y ja!

Justo en eso estaba yo pensando. La pena es no tener una polla de 25 cms y habérsela metido en la garganta el viernes y no sacarla hasta el domingo por la tarde.

Ha sido duro, sin lugar a dudas uno de los “encargos” más duros (paradoja) que había tenido hasta ahora.

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