Déjà vu

Recuerdo

De vuelta a la actividad de manera frenética, solventadas las necesidades económicas a corto plazo, y con fuerzas para ir resolviendo las venideras. Con logros a mis espaldas como la drástica reducción del consumo de tabaco a dos o tres cigarrillos diarios más una hora de deporte diario, y con nuevas sorpresas de las que siempre te regala la vida después de atizarte alguna hostia.

Me llamó un potencial cliente  hará cosa de un par de semanas y me solicitó presupuesto para pasar un par de horas juntos. Se le hizo excesivo el precio y debió buscar otra compañía. Pero también algo debió quedarle cierta duda, pues aún a sabiendas de la tarifa, volvió a llamar la semana pasada y quedamos.

Estaba esperándole, como suelo hacer tras citarles en la calle de enfrente de casa, desde donde la localización me permite controlar por la ventana con qué tipo de persona me voy a encontrar antes de decidirme a invitarle a subir, o no. En ello estaba, viéndole venir y nunca mejor dicho.

Dos aclaraciones, una, que siempre he creído en los estereotipos limitados del ser humano. Hay, digamos, cincuenta tipos distintos, y se repiten. Conocidos esos cincuenta, conocidos todos. Una vez se lo comenté al psicólogo, ya hace años de aquello, por aquel entonces, mi inocencia me hacía pensar que habrían unos cien tipos de personas distintas, y fue él el que me sacó de mi error. No hay más de cincuenta. Eso por un lado.

Por otro, alguna vez he nombrado por aquí a cierto señor X, y he hablado de la relación entre él y mi negativa a realizar sexo anal, tanto con clientes, como en mi vida personal. X es la persona que probablemente más me ha marcado en mi vida (tanto o más que la mierda de familia que tengo), por cómo llegó, por cómo arrasó con todo y por cómo finalmente desapareció sin una sola explicación. Añado que X tenía un modelo de coche de lujo concreto.

Vuelvo tras las cortinas de mi ventana desde donde esperaba a mi potencial, cuando le veo bajar de un coche idéntico. El subconsciente me jugó una mala pasada, por un momento imaginé felizmente qué ocurriría si él (X) requiriera sin saberlo, mis servicios en alguna ocasión. Aparté el tema de mi cabeza en la medida de mis posibilidades, y probablemente influenciada denoté cierto parecido físico entre X y la persona que estaba bajando del coche y que pronto estaría en mi cama.

Eso sólo fue el comienzo, comenzar a hablar con mi potencial, ahora ya cliente, fue como retroceder en el tiempo, aquellos extraños tiempos, que todavía no sé si fueron mejores o peores que estos. Adelantarme a sus pensamientos era para mí natural, lo mismo con sus deseos. Él se extrañaba, -¿cómo podemos entendernos tan bien en tan poco tiempo?-. También esa frase me sonó a déjà vu, y su polla también lo fue, su sabor, sus líquidos previos fruto de la excitación, su forma de tocarme, de besarme, la manera de desarrollar toda la actividad sexual, el sabor de su semen al depositarlo en mi boca. Sabía 100% como complacerle, y sumida finalmente y de forma voluntaria en mi particular déjà vu, pasamos dos horas excelentes para él, y desde luego, y esto no puedo decirlo siempre, también para mí.

Durante esa semana me llamó en varias ocasiones y también me envió varios emails, interesándose por mi estado, y con la idea de concertar una cita a tres, con otra chica. Más de lo mismo, la historia se repite, no me sorprendo, a él le sorprende que encaje todo con tanta naturalidad.

Lo de la chica, que finalmente quedamos, sabía que saldría fatal, puro empirismo, y así se lo hice saber. -No aparecerá-. -Claro que sí- protestaba. Y acudió, media hora tarde, que no me importó en absoluto pues la compañía era muy agradable. Y tomamos un café a tres, y parecía decidida. Fuimos a casa, y al salir del ascensor se dió la vuelta y desapareció. -Yo me voy, no tengo claro esto- se excusó.

Y así fue como se nos escapó de las manos la presa, tal y como había predicho, y es que hay que ser muy valiente para algunas cosas. Y así fue también que dedicamos toda la mañana a nosotros, y como dejé, o tal vez incluso le pedí,  que la metiera en mi culo y que disfruté de nuevo como una enana. Ojalá vuelva pronto u ojalá no vuelva, estoy pensando en él (y en X) más de lo que debiera y esto no favorece a nadie.

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Un pensamiento en “Déjà vu

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