Dudas

Soy consciente de que la vida no es un cuento de hadas, y también de que Pretty Woman es sólo una película y cualquier parecido con la realidad pura coincidencia. Sé, eso sí, que hay golpes de suerte, pero no estoy muy acostumbrada a que vayan conmigo, así que estoy un poco descolocada con los últimos acontecimientos y las nuevas oportunidades que conllevan.

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Estoy, en la medida de las posibilidades, aprovechando la situación, y digo, en la medida, porque es difícil aprovechar algo cuando no terminas de entenderlo. Y de verdad que no entiendo nada. No habla mucho, casi que sólo hablo yo y él escucha atentamente, no da un sólo dato acerca suyo, al margen de que está casado de toda la vida y aburrido de la situación, sin embargo esta mañana he agregado, para cotillear un poco, su número a la agenda de mi smartphone personal (es evidente que llevo varios teléfonos en danza) y su estado en whatsapp es “últimando los preparativos de mi boda”, y la foto de perfil, una chica guapísima y muy joven. ¿Tremendo, no?.

Por otro lado en la cita playera del otro día, en la que fuimos hasta un lugar privilegiado de la costa en un descapotable de 300 y pico caballos, me comentó que le gusta mucho estar conmigo, e insiste en que nos veamos (previo pago of course) todos los días un rato, aunque por él serían 24 horas, y que pasemos el verano juntos y después veremos qué y cómo hacemos. Estoy desorientada con todo esto, pero ahí sigo, aprovechando la oportunidad y esperando ver cierta luz al final del túnel.

Por otro lado, ya ha girado el grado que me faltaba el otro día. No hay nada como dejar de mostrar interés en algo, para que venga a ti. Luis ha aparecido con una llamada informándome de que estaba muy contento porque por fin tenía con él a su hijo para pasar el resto de las vacaciones. Cojonudo!, no me llamas en los últimos 10 días después de una cita hipertérmica, y apareces justo el día en que tienes contigo al niño, genial. Esto tampoco lo entiendo muy bien, pero me da igual, tengo la cabeza en otras cosas.

Vicent también ha dado señales de vida, muy “esperanzadoras”. Y lo entrecomillo porque cuando estaba colgada por él, años atrás, si que quería mantener una relación más allá del sexo, pero ahora, en los tiempos que corren, y no estando segura del camino en el que ando, no tengo mucha predisposición a meter a nadie a acompañarme por este fangal. “Me encantó, nunca había tenido sexo así, pero estoy seguro de que podemos mejorarlo. Veremos lo que nos espera”, dice. Veremos.

Una posible buena oportunidad

Qué intensa es mi vida. Qué gran fortuna tengo por ello como contrapartida de los también consecuentes días grises. Llevo un verano loco, como loca es la proposición decente que recibí anoche por parte de uno de mis últimos nuevos clientes.

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Tiene el perfil típico de alguien que sacaría de puta a una chica.  Es un señor mayor, habrá cumplido tranquilamente los 60 años. Sin especiales encantos, aparte de la amabilidad, casado (sin vida marital según sus propias palabras), y que conduce un Porsche deportivo descapotable (y guarda otros dos en su garaje), que en dos visitas se ha encaprichado de mí, y me ha pedido que deje el negocio.

En el primer encuentro, la pasada semana, estuvo una hora conmigo, charlamos mucho y follamos muy poco, se corrió (lo corrí) en cero coma. Él prefería la conversación, aunque tampoco es especialmente hablador, con lo cuál, lo que prefería eran mis monólogos. Que te paguen por hablar de cosas que te inventas tampoco está mal. Se volvió a casa y me citó para dos días después. Una hora antes del encuentro acordado canceló y anoche volvió de nuevo, con ganas de escucharme, pocas de follar, y con grandes propósitos de enmienda para mí.

Quiere que deje esto, lo tiene clarísimo. Y clarísimo tengo yo que necesito el dinero. Ahí estamos de acuerdo, él dice que es imprescindible, será pues cuestión de ajustar un precio. No parece que en el tema económico vayamos a tener problemas. Pero lo que sí  predigo, es que esto me va a tocar en la moral.

De momento voy a aguantar el tirón como mejor sepa hacerlo, a ver como evoluciona el susodicho y en función de sus acciones ejecutaré mis reacciones. No voy a dejar nada, eso está claro, al menos por el momento. De hecho esta semana, el martes concretamente, espero una cita interesante con el pseudo, la última hasta después de las vacaciones de agosto, que se va no sé donde, con su tercera mujer.

Y esta noche tengo otro encuentro, el tercero, con mi posible buena oportunidad. Quiere llevarme a la playa en su descapotable, que nos demos un baño, tomemos un picoteo, unas copas y después, en su vocabulario, darme un buen revolcón.  A ver como evoluciona esta semilla!.

 

Giros (179º)

Mi nuevo ligue (Luis), me ha abandonado.  No me ha buscado para nada, ni siquiera un mensaje para decirme que lo pasó bien, que le gustó, que no, nada. Me hace caso omiso.

Una semana después y ni un intento de acercamiento. Eso me ha rallado un poco, al principio pensé que era una estrategia para llamar mi atención, no me entraba en la cabeza que pudiera resistirse a una mujer como yo.

Pasados un par de días empecé a perder seguridad, lo  achaqué a que tal vez había sido demasiado apasionada para ser dos desconocidos en su primera vez, que me debió ver como a una loba o zorra, que se asustaría ante el panorama.

Después me dió por pensar que tal vez el problema fuera que me quedé dormida. Rallada de narices, ya se ve.

Fuimos a un ritmo brutal, nos besamos casi antes de hablar en el primer encuentro, e hicimos, o le hice, el amor con deseo exacerbado mucho antes de conocerlo. Vino así. Pero me gustaba, mucho, y como no me gusta esperar llamadas (odio esperar en general), le busqué yo con un resultado no mucho mejor.

Lo asumí, hice un poco de introspección y llegué a la conclusión de que lo inteligente es controlar los deseos, y que visto lo visto, hay quien logra hacerlo y muy bien. Ahora sólo necesitaba la forma de llevar tal propósito a cabo.

Y en ello andaba, dándole vueltas a mi cabecita, cuando la vida dió un giro de 179º.

Ayer recibí un whatsapp de Vicent, hacía meses que no tenía noticias suyas, y años que no hablábamos de nosotros. Dos personas que se atraen de una manera especial, pero por las circunstancias la cosa no termina de llegar a nada. Nos habíamos enrollado varias veces, hace como cuatro años, había una tensión sexual como pocas veces he sentido, y hubo incluso algún que otro amago de sexo que quedó en agua de borrajas. Él no lo tenía claro. Es evidente que seguía teniéndole muchas ganas, y una invitación a cervezas acompañada de decenas de piropos cayeron sobre mí en forma de mensajes, de forma inesperada, pero muy alentadora. ¡Qué vueltas da la vida!.

No pensaba nada sobre lo que ocurriría, sólo quería tantear, evidentemente, y en plena fase de reprogramación mental, ni se me pasó por la cabeza tener sexo con él. Va…no miento, lo contemplé, pero en ejercicio de autocontrol lo desterré inmediatamente.

300x200Me equivoqué del todo. Entendí que los deseos no se pueden controlar. Volcó sobre mí con la fuerza de un feroz huracán cuatro años de estúpida represión, de inútil control que evidentemente no le había llevado a nada, deseo, besos, los cuerpos pegados en contacto tan íntegro, que no sabía donde terminaba uno y empezaba el otro, embestidas bestiales, parecíamos más bien dos animales saciándonos sin tener en cuenta ningún tipo de norma. Sin límites. Sin medida. Litros de sudor esparcido sobre la cama, mis eyaculaciones, las suyas, la humedad bajo nosotros, sobre nosotros, nosotros mismos convertidos en humedad, en un espacio en el que no hay tiempo ni lugar, en el que sólo estábamos nosotros y nuestro deseo por el otro.

El listón estaba muy alto, pero puedo decir y digo, que fue el polvo de mi vida. Y me lo hubiera perdido si hubiera seguido enfrascada en mi estúpida reprogramación. Que vuelvo a dejarme llevar y el ejercicio ahora será, que debo asumir perder de vez en cuando como parte fundamental del juego.

 

PD: El grado que le falta al giro (179º) para ser completo (180º) es porque estoy segura de que ahora es cuando Luis reaparece.

Hacer el amor VS follar

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Cuando una se dedica a ejercer el sexo como salida profesional éste se mecaniza y pasa de ser algo placentero a convertirse en un conjunto de estudiados movimientos armónicos cuyo único fin es lograr el placer ajeno, y cuanto antes mejor.

Se podría pensar que, si de algo va sobrada una chica de compañía, es de sexo, pero desde mi punto de vista no tiene nada que ver. Independientemente de la cantidad de polvos que pueda, por motivos laborales echar al cabo del día, se necesita de vez en cuando sacar una cana al aire y preocuparse del propio placer. Y eso hice anoche aprovechando que la ocupación de las últimas semanas ha terminado.

Ya comenté en el último post que el pasado sábado y tras unas cervezas de más, ligué como lo hacen todas las chicas, en un bar, sin más interés por medio que mi placer, con besos que prometían y que anoche me llevaron a vivir una experiencia que hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Tomamos unas cervezas, hablamos, nos miramos con la complicidad que la situación conllevaba, la atracción no sólo se mantenía como en el primer encuentro, sino que creció y aumentó hasta el punto de decidir dar rienda suelta a los deseos en privado, y nos dirigimos a casa. De camino me regaló una flor, una rosa roja que cortó en un jardín (odio las flores muertas, pero agradecí mucho el detalle, de hecho la he puesto a secar dentro de un libro), nos besamos por las esquinas como adolescentes furtivos, abrimos una botella de vino y pasamos directamente a la cama, la ropa desapareció como por arte de magia y agarrada a su cuerpo como si en ello me fuera la vida me procuré el placer que tanto doy, y tan poco recibo, muchos besos, abrazos, caricias, lamía su polla con auténtica devoción, tanta, que por un momento temí asustarle . Intenté controlarme, disimular la soltura, cualquier rasgo profesional que pudiera delatarme, hacerme incluso un poco la mojigata, pero con la excitación a tope, porque estaba loca de deseo fue imposible y terminé pidiéndole que tuviera su orgasmo en mi boca, pero no quiso. Quería satisfacerme, hacerme sentir una princesa, fue dulce, cariñoso, disfrutó mi placer como suyo y logró que una noche cualquiera se convirtiera en la noche más especial de los últimos meses.

Estoy loca, loca perdida, por repetir.

Consecuencias del exceso de cervezas: pérdida parcial del control.

El-gust

El sábado pasado salí con una amiga a hacer un poco de deporte por el barrio, pero como estaba algo tocada por la situación de presión que últimamente se respira en mi “okupada” casa, cambié de planes sobre la marcha y en vez de mover el culo haciendo running, me dediqué a ejercitar el codo en la barra fija del bar, levantando cervezas bien fresquitas y apetecibles que entraban como entra el agua.

Estaba agobiada, sigo estándolo en cierta medida, aunque ahora los motivos han cambiado un poco, y es que empiezo a plantearme que agobiada sea una característica de mi personalidad inherente e independiente del entorno. O no, no sé. El caso es que aproveché la compañía de esta amiga para liberarme un poco contándole todo lo que puedo contar y maquillando algunas cosas para preservar su inocencia. Había buen clima, ella es tremendamente comprensiva y las horas fueron pasando, y los botellines de cerveza también.

Ya pasaban las dos de la madrugada cuando decidimos volver a casa, a fin de cuentas un sábado noche, y dos tías borrachas y en chandal es algo un tanto fuera de lugar. Aunque ya se sabe que cuando el alcohol alegra por dentro, dejan de ser importantes determinados aspectos exteriores.

De camino a casa, maldición, un bar abierto, y jijijaja, que nos metimos sin mucho pensar. Un señor mayor, viejo, feo, pesado y aburrido nos invitó a otro par de cervezas por aguantarle el rollo. Yo no estaba por la labor, aguanto muchos rollos por dinero, pero por el euro que vale una cerveza no. Así que mientras mi amiga se hacía cargo de él (ella tiene una habilidad especial para escuchar sin que se le note molesta en absoluto), me entretuve en marcarme yo sola unos pasos de baile sin mucho sentido y menor ritmo. Cuando de repente dos chicos atractivos entraron por la puerta. No había demasiada gente en el bar, con lo cual el contacto visual fue inmediato, en segundos estábamos charlando los tres (mi amiga seguía con el viejo, que no la soltaba), y no habían pasado ni quince minutos cuando, encantada con uno de ellos en concreto, por una personalidad de esas que te aplastan, nos besábamos apasionada y muy cariñosamente. Así pasaron las horas, besos y más besos, sin dejar de mirarnos a los ojos, hablando de nosotros sin palabras como si no hubiera nadie más en el bar, ni en el mundo. Intercambiamos los teléfonos y me marché, agobiada de nuevo, por presentir que me estaba metiendo en un lío, pues alguna vez he comentado aquí que dada mi ocupación encapricharme con alguien sería complicar las cosas, y pensando que aquello había sido un sueño y que terminaría en cuanto saliese de ese bar y llegase a casa.

Cuatro de la madrugada. Me tumbé dispuesta a dormir tal cual, vestida, en las últimas en lo que a fuerza se refiere, cuando llegó un mensaje al teléfono: “esta noche no dormiré solo, estarás en mis sueños”. Y entonces fuí algo consciente de que el sueño/pesadilla no terminaría cuando me durmiera. Al día siguiente él fue mi primer pensamiento al despertar, la dulzura de sus besos, la delicada forma en la que apartaba el pelo de mi cara para que no entorpeciera nuestra labor de exploración mutua de labios y lenguas y sus ojos clavados en los míos durante todo el tiempo que duró aquella experiencia. Nuestros cuerpos muy juntos deseándose con una calma extraña, como si no hubiera prisa.

Durante toda la semana hemos mantenido el contacto, me refiero con esto a que hemos hablado todos los días, en los que el feeling ha ido in crescendo, y tenemos una cita para el jueves por la noche, mañana, en la que estoy advertida que lo primero que ocurrirá será que se lanzará a mis labios a seguir besándolos, y en la que yo tengo claro que la noche terminará en sexo, y del bueno, porque me apetece una barbaridad.

Y luego lo que tenga que ser será, aunque no sea conveniente, porque contra marea no se puede ir. O yo no sé.

Atada y jodida y no hablo de sexo

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Atada, llevo toda la semana atada. No de manera literal, aunque probablemente lo preferiría. Tengo la casa llena de gente, compromisos familiares, una hermana pequeña con problemas mentales y el calzonazos de su novio, que dada la situación prefieren recuperarse aquí conmigo. Yo no lo prefiero, de hecho odio las visitas, máxime las que no tienen fecha de partida. Mi casa es mi trabajo, y mi trabajo es hoy por hoy mi vida. Mi único medio de sustento, y si paro de remar el barco se hunde. De hecho hace aguas, y aquí nadie colabora en nada, más bien todo lo contrario. Como tengo fama de espabilada y de saber buscarme la vida aquí ni Dios arrima el hombro, sólo ponen la mano para pedir, a lo fraile. Y desde hace varios días tengo el kit de puta escondido en el fondo del armario. Preservativos, lubricantes, juguetes sexuales, el teléfono móvil que uso al efecto, la ropa sexy, etc. Mi único punto de conexión con los clientes es el discreto correo electrónico, y por ahí entra poco, o nada. El dinero se acaba, pero mañana noche, y vía email he concertado una cita obligada, pues imagino que toda esta gente querrá seguir comiendo, y me agobia sobremanera, aunque ya lo tengo más o menos atado, el sacar tres horas de casa a todos, fingiendo un compromiso laboral (tengo una empresa tecnológica al margen de toda esta mierda de la prostitución que todavía no pita, aunque lo hará, y que tiene por ahora más gastos que ingresos, lo único que me aporta de momento son coartadas para seguir generando dinero por otros medios), para meter en casa a un tío y follármelo por dinero. Me hace sentir mal, pero tampoco veo otra solución. La cita es de 22.30 a 23.30, aunque tiene predisposición de alargar el tiempo si se encuentra cómodo, y me interesa que lo esté y mucho. He previsto pues margen, y he dicho que hasta las 00.30 no quiero a nadie en casa. No entienden que no puedan quedarse aquí si yo voy a salir, y he alegado que es posible que tengamos que consultar algunos temas en el ordenador, y como también tengo la oficina montada en casa, medio se lo van tragando. Espero que cuadren los horarios, que todo salga según lo previsto y no se me escape la situación de las manos. Estoy muy nerviosa. Tanto que me cuesta conciliar el sueño, y con tal afluencia de gente ni una mísera paja para el relax puedo procurarme.