La familia, esa extraña

Como respecto al trabajo estoy desganada y no muevo un dedo, ni la lengua, ni el culo, ni…., pero el afán de exhibición sigue latente, quizá sea buen momento para pararse a pensar un poco en mi actitud, qué rémora la condiciona e ir atando cabos.

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Ayer comentaba que, debido a mi complejo de Electra, mantenía, por necesidad, y al margen de mi actual dedicación, relaciones con hombres de la edad de mi padre, de los que espero compañía, atenciones, mimos, cariño y comprensión, y ellos esperan de mí sexo, que muy pocas veces consiguen, porque para nada es mi fin. El complejo, con el que aparentemente todas las niñas nacemos, pero que se suele resolver a edad muy temprana, en mi caso y debido a determinadas circunstancias, nunca llegó a resolverse.

Una madre acaparadora que siempre peleó por tener toda la atención, un padre machista que infravalora a la mujer, y un montón de hermanos pequeños entre los que repartir atenciones, sobre todo entre los de sexo masculino, me fueron posicionando en el sitio en el que hoy estoy.

Yo por mi padre siempre he sentido mucha admiración, le veo como el hombre perfecto, aunque jamás se me pasó por la cabeza tener sexo con él, ni siquiera como fantasía recurrente, siempre le he tenido como un referente masculino y eso ha condicionado, en tremenda medida, a la mujer que hoy soy.

Nunca ninguna relación me ha satisfecho 100% pues siempre he comparado, inconscientemente. Y el hombre del que más enamorada he estado nunca, llámalo X, era lo más parecido que encontré, también de forma inconsciente.

Me abandonó, como mi padre, y sin dar muchas explicaciones, ambos por igual. Supongo que no podía ser de otra manera. Fue una relación de domición/sumisión en la que le dí todo y nada valoró.

Claro que, a determinada edad, culpar a la familia de los errores de la vida de una puede parecer una actitud infantil. No culpo a nadie de nada, soy lo que he querido ser en cada momento y desde que tengo uso de razón, independizada de manera extremadamente temprana y con una personalidad tallada como se talla un diamante, muy poco a poco para lograr lo que hoy soy, de lo que hago gala y me hace sentir tan orgullosa y completa, aunque a veces pueda parecer que las formas son poco ortodoxas.

Y es que nada sería igual si todo hubiera sido distinto.

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