Una mala semana

wc

Tras lo últimos acontecimientos, no tengo ganas de nada. Estamos a miércoles, voy atrasada en varios pagos, y no produzco un céntimo. Estoy totalmente desganada. Pensando mucho, y haciendo poco. Valorando nuevos caminos que se abren a cada paso y que me hacen seguir aferrada a la idea de que, de repente, el día menos pensado, todo puede cambiar, a mejor tal vez. E incluso, quién sabe, puedo llegar a la meta.

Tenía cita con el fetichista, pero la he estado aplazando del viernes de la semana pasada al lunes de esta, y después al miércoles, y de hoy al viernes, y ya veremos.  Está nervioso. Dice que no hace falta que tengamos sexo si me encuentro cansada. ¿?

Necesito dedicarme unos días a mí misma, a mi círculo social, a mis relaciones habituales ajenas a mis secretas ocupaciones. Tengo que cuidar ambas vidas, y regarlas, para que no decrezcan. Tratar conmigo misma, y con gente que me quiere y apoya en mis proyectos. Poner un pie en la vida real y ser consciente de estar a años luz de los demás. Y recibir insinuaciones sexuales como cualquier otra chica, pero con una risa irónica en el fondo de mi cerebro.

Fijarme en hombres que me gustan, y con los que me iría a la cama gratis.

Antes, siempre tenía tres o cuatro en números calientes de la agenda. Iba alternando, en función de mis apetencias. De un tiempo a esta parte, nada de lo que tuviera antes despierta en mí el más mínimo interés, y desde que me metí en esta “aventura” de la prostitución, no sólo no me fijo en nadie, sino que no hay quien me haga sentir lo más mínimo. Mejor así. Estoy totalmente convencida de que no podría seguir adelante con mis planes, y mentir tranquilamente en una relación, así que algo terminaría dejando, y como de dejar una relación de dos años vengo, hace escasos dos meses, y tengo tan reciente lo difícil que es cuando las dos partes no están de acuerdo, y esta aventura no me interesa pararla, la mejor opción es la que tengo y mantengo.

Existen no obstante dos hombres con los que quedo a veces, y que nada tienen que ver con ninguno de mis círculos, ni entre ellos, claro. No me acuesto con ellos, aunque sé que lo desean, y que probablemente, por más que me pese, es el único interés que les hace permanecer a mi lado, aguantando mis caprichos. Yo sólo les llamo, aleatoriamente, para que me cuiden un rato, y ellos piensan que en una de esas llamadas, me quedaré para siempre. Se parecen bastante en la personalidad, y en no pocas ocasiones recurren a las mismas frases para reprocharme “defectos” y “faltas” en mi forma de ser. Sí, son como padres. Y  sí, padezco complejo de Electra, pero esa historia será otro día.

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